DESCRIPCIÓN
En el libro, el Padre Marie-Eugène aborda cómo proteger la vida espiritual de la principal tentación: el utilitarismo egocéntrico. Enfatiza que la meditación no debe practicarse únicamente con el propósito de alcanzar la paz interior, la armonía u otros beneficios personales. La verdadera motivación para la oración es encontrar al Espíritu Santo y someterse a su acción. A través de la oración, buscamos crear intimidad con el Espíritu Santo, permitiéndole convertirse en una presencia dominante en nuestras vidas. De esta manera, nos convertimos en instrumentos del Espíritu Santo y, en consecuencia, en verdaderos hijos de Dios.
El padre Marie-Eugène amplía la perspectiva al relacionar la oración con el gran proyecto divino de la Iglesia, una obra magnífica a la que Dios quiere asociarnos como colaboradores creativos y valientes. Señala a Jesús como el modelo perfecto, quien unifica la acción (como misionero) y la contemplación en su vida, con el único propósito de cumplir la voluntad del Padre y dejarse guiar por el Espíritu. Jesús, según el sacerdote, no posee una piedad compleja; ama a su Padre y se ofrece a él. Esta es la esencia de la piedad y la vida espiritual de Cristo.
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